jueves, 2 de julio de 2009
ROCKDRIGO GONZALES
Rodrigo González (Tampico, Tamaulipas, 25 de diciembre de 1950 - ciudad de México, 19 de septiembre de 1985) fue un músico mexicano conocido con el sobrenombre de "Rockdrigo". Nació en el estado de Tamaulipas y radicó en la ciudad de México durante los últimos años de su vida. Es considerado el principal exponente del Movimiento Rupestre, un núcleo de artistas importante para la historia del rock mexicano.
Rockdrigo nació en la colonia Altavista de la ciudad de Tampico, Tamaulipas, siendo su padre el ingeniero naval Manuel González Sámano y su madre la señora Angelina Guzmán. Estudió en los colegios Federico Froebel y Félix de Jesús Rougier. Durante su infancia y adolescencia Rockdrigo se nutrió de la tradición musical de la huasteca tamaulipeca y del rock en lengua inglesa, por la cercanía con la frontera estadounidense. Luego de escuchar a Bob Dylan aprendió a tocar la armónica[1] y a reafirmar los conocimientos que obtuvo de guitarra con clases privadas. Sus constantes viajes tanto a los Estados Unidos como al Distrito Federal nutrieron sus preferencias artísticas e influencias.
Hacia 1977 viajó a la ciudad de México a tocar en bares y cafés, donde se avecindó hasta su muerte. En un principio sobrevivió cantando canciones suyas o de otros en las calles de la ciudad "al estilo inglés" pues, según sus propias palabras, tenía interés en "ver qué pasaba, a nivel vivencial, siendo músico callejero".[2] Poco a poco se fue ganando el aprecio de la gente y comenzó a desarrollar una obra propia a partir de las experiencias de la calle.
Con el tiempo logró trabajar al lado de Javier Bátiz en un bar de la glorieta de Insurgentes llamado Wendy's Pub, alternando con muchos grupos, entre ellos el legendario Grupo Dama. Fue ahí donde lo conoció el crítico de rock y escritor José Agustín, quien escribió una nota laudatoria sobre él en el diario Unomásuno, en la que declaraba: "si ya hay en el rock de México quien domine a la perfección la técnica, la cadencia y el ritmo junto con un talento para componer canciones que retraten nuestra realidad a la altura de nuestros grandes compositores como José Alfredo Jiménez o Chava Flores, no puedo más que decir que, de entrada, con Rodrigo González tenemos un rock más complejo, crítico e inteligente... aquí está naciendo el rock mexicano..."
La vida de Rockdrigo llegó a su fin con el terremoto del 85, horas después de una última presentación en ocasión del primer aniversario del periódico La Jornada. Su departamento estaba ubicado en un edificio de la calle Bruselas (número 8), en la colonia Juárez. El espacio que ocupaba su edificio hoy es un estacionamiento, frente al Café de los Psicólogos y al lado de la Plaza Giordano Bruno.
"El 19 de septiembre, en la tarde, María Guzmán, en Radio Educación, me decía que al parecer había caído el edificio de mi tocayo. A través de Pepe González Márquez voceamos a todos los 'rupestres' y demás músicos amigos para que se reportaran a la estación. Al poco tiempo Alain Derbez encontraba su cuerpo inerte. Esa noche llegamos a la Limar (Lugar Independiente de Músicos y Artistas -creo-) en espera del ataúd. Llegué con Beto Ponce; recuerdo ahí a Cecilia Toussaint, devastada. Ya entrada la noche supimos que, como premonitoriamente lo dijo: 'Si alguna vez has estado al revés/sabrás muy bien a qué huelen tus pies', descansó con los pies en la cabeza y la cabeza en los pies".[4]
Rodrigo de Oyarzabal
La más popular de sus canciones es Estación del Metro Balderas. Esta canción se considera emblemática de los años ochenta mexicanos, pues Alex Lora la hizo un éxito al utilizar algunas partes de la canción sin autorización del autor, a lo que el tamaulipeco reaccionó, reclamándole "por haberle mutilado la parte freudiana", mientras Lora respondía: "¡Es para que te conozcan, mi Rockdrigo!".[5] Hay diferencias significativas entre la versión original y el cover de Lora: en la versión original, una joven mujer es devorada por las multitudes mientras se esfuerza por entrar y salir del vagón; la historia está salpicada de un particular sentido del humor y tiene alusiones a Sigmund Freud; en la versión de Lora, la muchacha se pierde en la multitud y termina prostituyéndose. El tema fue reversionado también por el grupo argentino Enanitos Verdes.
Actualmente, en los pasillos de la Estación Balderas de la línea 3 del Sistema de Transporte Colectivo (Metro) en la ciudad de México, existe una placa conmemorativa con la letra de la canción inscrita.
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